Los 10 principales peligros que debe gestionar mediante su programa APPCC para la atención sanitaria

Los 10 principales peligros que debe gestionar mediante su programa APPCC para la atención sanitaria
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«¿Cuáles son los peligros más importantes que debo controlar a través de mi plan HACCP?», es una pregunta muy frecuente en el sector sanitario y en la restauración de residencias, donde cada día un grupo de personas depende de comidas seguras. El método HACCP, también conocido como Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, gira en torno a la evaluación de riesgos en todas las etapas operativas del proceso de producción alimentaria. Por lo tanto, quien trabaje con alimentos debe tener conocimientos sobre los peligros químicos, físicos y microbiológicos. Estos peligros también se describen detalladamente en el Código de Higiene para la restauración en centros sanitarios y en el ámbito de la defensa. En este artículo profundizamos en la definición de HACCP y analizamos los 10 principios más importantes que ayudan a garantizar la seguridad alimentaria de forma estructurada en el sector sanitario. 

¿Qué es el HACCP en el sector sanitario? 

El HACCP (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control) es un sistema de seguridad alimentaria destinado a identificar, evaluar y controlar los riesgos en el proceso alimentario. En el sector sanitario, el HACCP se aplica a todas las situaciones en las que se trabaja con alimentos, como en centros asistenciales, hospitales y el ejército. Estas organizaciones son responsables de la preparación, el almacenamiento y la distribución seguros de alimentos a un grupo de personas vulnerables, como personas mayores, enfermos y pacientes con un sistema inmunitario debilitado. 

Para garantizar esta seguridad alimentaria, las organizaciones y los empleados deben cumplir con las directrices establecidas, como el Código de Higiene para la alimentación en centros asistenciales y en el ejército. Mediante el análisis de los peligros y el establecimiento de puntos de control críticos, el HACCP minimiza los riesgos relacionados con los alimentos. 

Directrices HACCP para el sector sanitario

Las normas HACCP constituyen la base para el control de la seguridad alimentaria en el sector sanitario. En la práctica, esto significa que cada principio no solo debe aplicarse teóricamente, sino que también debe traducirse de forma concreta en acciones cotidianas. Por eso ofrecemos una interpretación práctica de cada directriz, para que los centros sanitarios y su personal sepan de inmediato cómo organizar los procesos con el menor riesgo posible para los pacientes. 

1. Temperaturas de cocción

Para eliminar los agentes patógenos presentes en los productos crudos, es importante que los alimentos se calienten lo suficiente. En la práctica, esto significa que los platos deben alcanzar una temperatura interna en la que las bacterias ya no tengan ninguna posibilidad. Para muchos productos, como el pollo, esta temperatura ronda los 75 °C en el centro, mientras que cocinar a 100 °C elimina por completo los microorganismos. El uso de un termómetro de núcleo es indispensable para comprobar si los platos se han preparado de forma realmente segura. 

2. Tiempos de enfriamiento

Durante el enfriamiento, los alimentos se encuentran en la denominada zona de peligro (entre aproximadamente 7 °C y 60 °C), en la que las bacterias pueden crecer rápidamente. Por eso es importante enfriar las comidas calientes lo antes posible. En el sector sanitario, esto significa concretamente que los platos deben enfriarse en un plazo de 2 horas hasta un máximo de 7 °C, por ejemplo, utilizando un enfriador rápido. Por lo tanto, dejar que se enfríen simplemente en la encimera no es lo suficientemente seguro.  

3. Temperaturas en el almacenamiento en frío

Para frenar el crecimiento bacteriano, los alimentos refrigerados deben mantenerse constantemente a la temperatura adecuada. Los frigoríficos de los centros sanitarios deben estar ajustados entre 2 °C y 7 °C. Esto requiere un control y un registro diarios de la temperatura, de modo que cualquier desviación se detecte y corrija de inmediato. Además, es importante almacenar los productos según las instrucciones de la etiqueta.  

4. Temperaturas en el almacenamiento en caliente

Cuando los alimentos se mantienen calientes tras su preparación, la temperatura debe mantenerse lo suficientemente alta como para evitar el crecimiento bacteriano. En la práctica, esto significa que los platos calientes deben mantenerse continuamente por encima de los 65 °C. Esto se puede lograr, por ejemplo, mediante el uso de baños maría o armarios de mantenimiento de calor que mantengan esta temperatura estable. Tan pronto como la temperatura descienda por debajo de ese nivel, el riesgo de crecimiento bacteriano aumenta rápidamente.   

5. Control de alérgenos

Los alérgenos suponen un riesgo directo para los clientes y, por lo tanto, deben controlarse estrictamente. Esto significa que siempre debe evitarse la contaminación cruzada. En la práctica, se trabaja con tablas de cortar y utensilios de cocina separados, así como con ingredientes claramente etiquetados para las comidas sin alérgenos. Además, los empleados deben saber exactamente qué productos contienen alérgenos y cómo manipularlos de forma segura. 

6. Controles en la entrada de la cocina asistencial

La cocina debe protegerse contra la entrada de microorganismos nocivos. Esto comienza con unas normas de acceso claras. Los empleados deben lavarse siempre las manos al entrar, llevar ropa de trabajo limpia y solo las personas autorizadas pueden acceder a la cocina. Al estandarizar estas medidas, se reduce considerablemente el riesgo de contaminación procedente del exterior. 

¿Desea saber más sobre los protocolos de acceso? Lea nuestro blog.

7. Limpieza e higiene de la cocina

Los restos de comida constituyen un caldo de cultivo para las bacterias y, por lo tanto, deben eliminarse de forma sistemática. Esto se consigue mediante la limpieza (eliminación de la suciedad) y la desinfección (eliminación de microorganismos). En la práctica, se trabaja con un plan de limpieza fijo en el que se indica qué superficies y equipos deben limpiarse, cuándo y de qué manera. Esto se aplica a todos los materiales que entran en contacto con los alimentos.

8. Proveedores

La seguridad alimentaria comienza ya en la fase de compra. Por ello, es importante trabajar únicamente con proveedores fiables y certificados. Al recibir los productos, comprueba siempre la temperatura, la fecha de caducidad y el embalaje. Los productos que no cumplan los requisitos se rechazan inmediatamente para evitar riesgos en la cadena. 

9. Manipulación higiénica de los alimentos en la cocina asistencial

Durante la preparación, se debe evitar activamente la contaminación cruzada. Esto significa que los productos crudos y los preparados deben mantenerse estrictamente separados, tanto en el almacenamiento como durante el procesamiento. Por ejemplo, utilice tablas de cortar y cuchillos separados y límpielos a fondo entre uso y uso. Además, la higiene personal juega un papel importante: lavarse las manos después de cada contacto con alimentos crudos es esencial para evitar la transmisión de bacterias. 

10. Entorno

La preparación segura de los alimentos solo puede llevarse a cabo en un entorno adecuado. Esto implica que la cocina debe estar limpia, ordenada y destinada exclusivamente a la preparación de alimentos. Las plagas deben combatirse activamente mediante un plan de control y el espacio debe estar diseñado de manera que sea fácil de limpiar. Otras actividades que no tengan nada que ver con los alimentos no tienen cabida en la cocina. 

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